jueves, 22 de julio de 2010

"La máquina de follar", de Charles Bukowski


Al parecer, los relatos incluídos en este libro tienen menos de autobiográfico de lo que a muchos nos gustaría. La columna descarnada, sexual y ruda de Charles Bukowski en el periódico “underground” Open City, le catapultó a la fama en los círculos contraculturales, y cuando el gobierno cerró el periódico por inmoral, el autor vio como se cortaba una de sus principales fuentes de ingresos en aquel entonces.

No tardó en escribir para otras revistas “porno” como “New York Review of Sex and Politics” y otras por el estilo. En aquel entonces podía llegar a cobrar unos 300$ por relato (recuérdese que F. S. Fitzgerald había llegado a recibir sumas que rondaban los 4.000$ cuarenta años antes), así que el viejo Hank se inventaba todas estas narraciones para poder vendérselas a estas revistas.


Tanto es así que el libro “Erections, ejaculations and tales of ordinary madnes”, del que se sacan la mayor parte de los relatos, fue publicado por “City Lights”, que era la editorial que se quedaba con todo el material que el editor John Martin desechaba de “Black Sparrow” por ser demasiado pornográfico. Con todo son historias que nacen del contacto directo del autor con la realidad que describe, pasadas por el tamiz de su imaginación y su genio, pues para eso era escritor.


Su estilo sigue siendo el mismo, frases cortas y contundentes. A lo largo de su carrera Bukowski se declaró siempre admirador de Hemingway, Fante, Celine y Hamsun, pero no es ni mucho menos tan vanguardista como Celine, ni tan exacto como el noruego Hamsun. Sí parece que le debe mucho más a Fante en cuanto a temática y, sobre todo, a Hemingway en cuanto a estilo gramatical, llegando a veces incluso a la imitación, según mi punto de vista.


Es desde luego un libro a disfrutar. Para mí Charles Bukowski destila sensibilidad tras de cada frase soez o dura, y este es el alegato de un hombre solo y prisionero de la terrible realidad que le tocó vivir y que escribía duro porque era su manera de revelarse contra la prisión o “la trampa”, como él la llama muchas veces, en la que nos vemos encerrados los seres humanos, adiestrados para sacrificar nuestras vidas a cambio de casa, coche, trabajo, hijo y perro. Este libro es una válvula de escape.

Una reflexión: ¿Por qué todas las grandes editoriales como “Anagrama”, de “Alfaguara” (la menciono por ser la que edita en España los libros de Bukowski), se apuntan y presumen de contraculturales cuando ni arriesgan ni arriesgarán jamás, y lo único que hacen es poner un cheque y llevarse al autor descubierto por otra editorial modesta?.


Quique Castro.

sábado, 17 de julio de 2010

Tres grandes directores de los setenta


Casi nadie se acuerda ya de tres magníficos directores que disfrutaron de su momento cumbre en la decada de los setenta.

Bob Fosse fue el responsable nada menos que de "Cabaret" (1972), el musical protagonizado por Liza Minelly ganador de un porrón de Oscars, justo cuando nadie daba un duro por el musical, y sobre todo, de "Lenny" (1974), basada en la vida del humorista norteamericano Lenny Bruce, con un reparto encabezado por Dustin Hoffman en otro de sus papeles apoteósicos de los setenta (añadamos "El graduado", "Perros de paja", "Kramer vs Kramer"...). Esta última película es totalmente desconocida para el gran público, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que si identificáramos a esa entelequia conocida como "Gran Público" con un ser humano, nos saldría un ser semianalfabeto, burdo patán consumidor de cine palomitero y esencialmenbte maléducado. Atención, además, a la estupenda fotografía de Bruce Surtees (gracias, Google).

El segundo maestro indiscutible de los setenta que hoy pocos recuerdan es George Roy Hill, autor de "Dos hombres y un destino" (1969), y de "El golpe", con una de las bandas sonoras más memorables de la historia, ambas con Paul Newman y Robert Redford. Sólo por esas dos películas merece figurar en el panteón de los ilustres.

Y el último al que haré mención es William Friedkin, con "The french conection" (1971) y "El exorcista" (1973). La primera de ellas con un inólvidable Gene Hackan en el papel de Popeye Doyle, y la segunda con una satánica Linda Blair en el más terrorifico papel de la historia del cine.

Podríamos hablar de más directores, como Peter Bogdanovich o Michael Cimino, con su espectacular "El cazador" (1978), una película que, si existiera El Cielo, no podrías entrar en él sin haberla visto antes, con Meryl Streep, Robert de Niro, Cristopher Walken y el maravilloso John Cazale, al que un día le dedicaré una entrada.

Pero aquí lo dejamos por hoy no sin antes dedicarte un consejo:

Hazte un favor, y hazme caso.

Quique Castro.

jueves, 15 de julio de 2010

"Persona" (1966), de Ingmar Bergman


¿Y por qué "Persona", te preguntarás, y no "Fanny y Alexander" (1982), "El séptimo sello" (1957) o "El manantial de la doncella" (1960)? Pues sí, pero es que la filmografía de Bergman es tan extensa como prodigiosa, y he tenido que elegir una de mis favoritas casi al azar. También podía haber elegido "Sueños" (1955), por la que tengo especial simpatía por lo divertida que es la historia y por lo guapas que son las actrices que la representan, o "Fresas salvajes" (1957), que, a pesar de haber sido seleccionada entre las mejores 45 películas de la historia según el Vaticano, es una película soberbia. Por no hablar de todas las que no me he visto de este autor.


"Persona" es una historia del cine dentro del cine, de una actriz que durante una representación teatral de "Electra" se queda muda, y de la enfermera que la cuida y de como esta rellena los silencios de la otra con sus fantasías y relatos. Hay un montón de literatura y de rollo palabrero sobre esta peli y de Bergman es cualquier librería o en Internet, pero yo no trato de justificar mis elecciones, sino de imponértelas, así que hazme caso y mírala, degústala, o no te atrevas jamás a decir que te gusta el cine.

Por cierto, Bergman es con Fellini uno de los directores favoritos de Woody Allen, y como él tenía tendencia a casarse o arrejuntarse con sus actrices, que eran siempre bellísimas, como por ejemplo Bibi Andersson, Ingrid Thulin (con esta no se si se lió, pero estaba terrible, brutal, espectacular) o Liv Ullman, que rodó en el 2000 "Infiel", para mí una copia de las paranoias y el estilo de Bergman.

Así que ya sabes...


Quique Castro.