domingo, 18 de febrero de 2018

Carta abierta a los educadores de la fundación Ibn Battuta en Pere IV 76


Hola a todos:

Ya sabéis quien soy. Soy el vecino de abajo, el que hace siete meses que sube un día sí y otro también a deciros que no podemos vivir así, que mi hija, un bebé de seis meses, se despierta por los golpes, y que los vecinos no podemos descansar. A veces hemos conversado con calma, otras veces nos hemos enfrentado porque nosotros ya no aguantábamos más y, a juzgar por todos los compañeros vuestros que han pasado y han abandonado, vosotros tampoco, y lo entiendo.

El viernes por la noche tuvimos el penúltimo follón (el ultimo ha sido esta noche). Hablé con el educador del cuarto piso, y tuvimos una buena conversación. Me dijo que lo lamentaba, que él y todos sus compañeros querían irse ya de Pedro VI 76, y que lo sentían por mi familia y por todos los vecinos. Y me dijo algo que me habéis dicho todos los educadores con los que he hablado, todos sin excepción, y son muchísimos ya, incluyendo a la directora del centro, y es que estos pisos no cuentan con las condiciones adecuadas para educar a los menores. Es decir, que no somos sólo nosotros el problema, sino los propios chicos. “Si uno de estos chicos se cae por un balcón, ¿qué ocurriría?”.

Bien. Parece que a la DGAIA esto le da igual, a ellos solo les preocupa meterlos en cualquier sitio, donde sea, para que no se les caiga el pelo. A la fundación Ibn Battuta tampoco parece que le importe, y que los vecinos que no descansamos y vivimos entre basura y gritos sólo somos daños colaterales. Por eso os voy a decir lo que creo que deberíais hacer. Es sólo mi opinión, y os la digo con el mayor respeto, puede que os parezca una chorrada, no estaréis de acuerdo por los motivos que sea, y estáis en vuestro derecho de seguir como hasta ahora, pero os lo voy a decir igualmente, porque creo que me he ganado ese derecho.

Creo que tendríais que juntaros y dimitir en bloque, y avisar a todos vuestros compañeros por redes sociales, o incluso a través de los medios, de que no trabajen con la fundación Ibn Battuta. Creo que debéis dimitir por los vecinos, debéis dimitir porque en siete meses siguen orinando dentro de las escaleras, y siguen tirando cascaras de pipas por el balcón (que luego mi mujer quita de la ropa recién lavada y tendida de nuestro bebé), creo que debéis dimitir por el bien de los chicos, y creo que debéis dimitir, sobre todo, porque todos y cada uno de vosotros y vosotras ha elegido su profesión para ayudar a los demás.

Os voy a decir una cosa. Estoy a favor de la integración. Mi mujer y yo lo hemos pasado mal y hemos llorado juntos porque creíamos que no nos merecíamos que nos pasara esto justo cuando acababa de nacer nuestra hija. Y aun así sigo a favor de la integración. Por eso creo que debéis dimitir, porque en estos pisos no estáis ayudando a integrar a los menores, y lo sabéis, porque vosotros mismos me lo habéis dicho; debéis dimitir porque lo único a lo que estáis contribuyendo es a crear un gueto y conflicto vecinal; debéis dimitir y dar un paso adelante porque así, y solo así, estaréis ayudando a que a estos chicos se les ubique en un centro adecuado desde el que podáis trabajar; debéis dimitir para no cubrirle más las espaldas a la verdadera responsable de este desastre, la DGAIA (Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència); y debéis dimitir porque, si no os convertís en actores principales, lo único que vais a conseguir es desgastaros, hacer daño a una comunidad, enfrentar a los chicos a los que queréis ayudar y dejar que la fundación Ibn Batuta siga cobrando subvenciones millonarias mientras a vosotros os deja expuestos.

Es mi opinión. Nos vemos.

Quique Castro

lunes, 12 de febrero de 2018

Cuartetas a Ada Colau (por el desastre en Poblenou con los pisos de acogida)

Estimada (y votada)
Ada Colau, nuestra “edila”.
sírvase hacer entrada,
pero antes tome una tila

Golpes, portazos, basura,
gritos, peleas, pintadas,
descienda de sus alturas
y atienda nuestra llamada:

Son veinticuatro menores
en tres pisos de este bloque
caos, jaleo de horrores
no hay convivencia, sí choque.

Del Magreb vienen a cientos
y es su culpa principal
estar en manos de ineptos
que lo gestionan fatal

Estamos en Pedro Cuarto
el portal setenta y seis
el vecindario está harto
pero vos ni oís ni veis

La DGAIA se ha escondido
del desastre que ha causado
sin casa, ni hogar, ni nido
solo un cubil desgraciado.

Si Ibn Battuta levantara
su enturbantada cabeza
lo diría con voz clara:
¡Sr. Chaib, vaya pieza!

Educadores vencidos
sin medios y mal pagados
ya son más lo que se han ido
que los que lo han soportado

Se llaman, los peces gordos
Les encanta reunirse
pero al final están sordos
si hay problema: mejor irse.

Seis meses, mi criatura,
Y su bebé más o menos,
siete meses de tortura
los que llevamos viviendo.

Quiere acoger, proclama
porque le dan mucha pena
aquí un vecino le llama,
Llévese una docena.

Quedarían doce más
Justo encima de mi piso.
¿Quién le puso llama al gas,
y ha cocinado este guiso?

Quique Castro


jueves, 1 de febrero de 2018

Fundación Ibn Battuta y DGAIA, ineptitud e irresponsabilidad en los pisos de acogida

Pisos saturados, educadores insuficientes, planificación nula y conflicto vecinal, este es el modo en que la fundación Ibn Battuta y la DGAIA entienden la gestión de pisos de acogida para menores en riesgo de exclusión social provenientes del Magreb.

 


Hace siete meses la fundación Ibn Battuta, bajo el auspicio de la DGAIA (Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència), alquiló tres pisos en el bloque situado en el carrer de Pere IV, número 76. En cada uno de estos apartamentos se ubicó a nueve menores provenientes del Magreb en riesgo de exclusión social, y desde entonces la vida de los vecinos no ha podido ser la misma.

 

Peleas, gritos, timbrazos constantes, carreras escaleras arriba y abajo, ruidos a todas horas… Estas son las condiciones en las que nos obligan a vivir la fundación Ibn Battuta y la DGAIA, como pueden dejar constancia la Guardia Urbana, Mossos y Bomberos, por haberse tenido que presentar en numerosas ocasiones.

 

Al follón hay que añadir la suciedad. Desde estos pisos se arrojan desperdicios en el interior y en el exterior de la finca: mondas, envoltorios, preservativos…, que caen en los balcones de los vecinos y en el patio, convertido ya en un estercolero. A pesar de que tienen prohibido fumar, las escaleras están llenas de colillas (ni uno solo de los vecinos anteriores fuma), y cabe destacar la costumbre que adquirieron estos jóvenes de orinar en el hueco de las escaleras cuando charlaban en el portal, para no tener que subir a sus pisos a usar el servicio.

 

El interior del bloque está llenó de pintadas ofensivas, los buzones fueron arrancados de cuajo e incluso llegaron a romper varios vidrios del portal para no tener que llamar al timbre cuando querían subir. En este período de tiempo el ático fue desvalijado mientras su inquilino acompañaba a su madre, enferma en el hospital, y el pasado día 27 de enero tuvo que acudir la policía por enésima vez porque un grupo de chicos, que habían estado hablando con los menores tutelados, forzaron el principal primera, arrancaron la alarma y rompieron los vidrios de las ventanas mientras hacían botellón.

 


El vecino del ático, incapaz de soportar esta situación, ha abandonado el piso, y ahora sólo aguantamos en el bloque cinco ancianos y mi familia, formada por mi mujer y mi hija, un bebé de seis meses, que nos vemos obligados a criar entre gritos, peleas y suciedad.


 

El pasado día 27 de diciembre mi hija se despertó una vez más por culpa de los usuales portazos y gritos, y cuando se puso a llorar decidí salir las escaleras a increparles para que dejaran de armar jaleo de una vez. La respuesta de los chicos y de una de las tutoras fue bajar hasta nuestro piso a gritarnos y tratar de intimidarnos. “¡Este es un centro de menores, iros vosotros!”, me gritaba, a dos centímetros de mi cara, uno de los jóvenes, mientras hacía amago de golpearme con el codo. Fue entonces cuando saqué el móvil y me puse a grabar mientras recibía patadas, empujones y manotazos que trataban de arrancarme el teléfono de las manos.

 

Esta situación insostenible ha sido reconocida por la práctica totalidad de los educadores con los que he hablado, que a su vez han declarado, con agentes de la Guardia Urbana como testigos, que tener a tantos adolescentes en riesgo de exclusión social en el mismo bloque es una pésima idea, ya que son incontrolables.

Los vecinos hemos agotado todas las vías de negociación. Al principio hablamos con los tutores, pero estos no duran más que unas semanas, por lo que la tarea resulta inútil, nos quejamos a la directora del centro, denunciamos los hechos dos veces al Ayuntamiento de Poblenou, una a Habitatge, nos presentamos en la DGAIA y escribimos a la fundación Ibn Battuta —tengo copia de todos los escritos sellados—, pero la situación sólo ha ido a peor.

Rosa Pérez, Cap de Servei de la DGAIA, reconoció que la situación era un fracaso, y que intentarían trasladar a los jóvenes a otra ubicación para que estos pisos los pasaran a ocupar mayores de edad, hasta un máximo de cuatro por piso. Los vecinos hemos declarado que reconocemos el derecho de la gente que emigra a buscar su felicidad, y que entendemos la existencia de pisos de tutela de menores, pero creemos también que debería regularse tanto el número viviendas destinadas a esta tarea como el número de jóvenes que pueden habitarlas en un mismo edificio. De lo contrario solo sirven para crear guetos que derivan en conflicto vecinal.

El pasado día 23 de enero, el administrador de la finca —todos los pisos pertenecen a una misma propiedad— comunicó por mail la rescisión de contrato por incumplimiento de cláusulas al presidente de la fundación Ibn Battuta, el señor Mohammed Chaib. En todo este tiempo el señor Mohammed Chaib jamás se ha dignado a comunicarse con los vecinos, a pesar de la situación de emergencia que vivimos, y su respuesta a la propiedad fue el desubicado escrito de un bufete de abogados poco enterados y muy motivados, siempre una triste combinación.

Para quien no lo conozca, el señor Mohammed Chaib es el actual número 6 en las listas del PSC. Su propia comunidad le afeó, tras los atentados de Barcelona, el descaro de arrogarse la representatividad de los musulmanes para su beneficio político. Abdelhak Marso, presidente de la asociación Ibn Roshd, le acusó de “manipular la manifestación de la comunidad musulmana”. Mohamed el Ghaidouni, presidente de la Comunidad Musulmana en Cataluña, declaró que la actitud de Mohammed Chaib tras los atentados de Barcelona  “no ayuda en nada para unir la comunidad marroquí, sino al contrario, aporta actitudes negativas que dañan al tejido social marroquí y no ayudan en nada a tratar nuestros problemas”. Y la activista Latifa el Hasaní declaró, “no entiendo como este hombre se permite el lujo de aprovecharse de la sangre de las víctimas”.

En palabras de Rosa Pérez: “Barcelona sufre una emergencia social por la afluencia masiva de jóvenes que vienen de Marruecos”. Reconoce la Cap de Servei, además, que su departamento no dispone de los medios suficientes para hacerle frente, y que cuando decidieron meter a los chicos en este bloque “ni siquiera sabíamos que había vecinos en la finca”. Los vecinos entendemos que la Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència no ha hecho más que esconder sus problemas debajo de la alfombra, y denunciamos la improvisación de este departamento.

A modo de anécdota ilustrativa, en la misma reunión que sostuve con la Cap de Servei, esta nos dijo, en primer lugar, que Barcelona ejercía un efecto imán para estos jóvenes, a los que se trataba de dar cobijo. Pero cuando le dijimos que ya no aguantábamos más, que nos tendríamos que ir de la que es nuestra casa y nuestro barrio hace quince años, nos propuso que buscáramos en otros pueblos fuera de Barcelona, que son más baratos.

El día 15 de enero informé de estos hechos al presidente de la Asociación de Vecinos de Poblenou, Salvador Clarós Ferret. Ese mismo día Salvador se puso en contacto con el Sindic de Greuges de Barcelona y con el Ayuntamiento del distrito de Sant Martí. Gracias a su gestión, rápida y eficaz, se presentaron un técnico y una técnica, que evidenciaron "serios conflictos de convivencia y de estructura".

El carpintero de la calle está harto del follón que arman; otro vecino que este verano montó una lavandería está desesperado porque siempre tiene a los chicos sentados en el escalón, o incluso dentro de su negocio comiendo pipas (¿alguien duda a dónde van las cáscaras?); el señor chino del bar de la esquina está harto también, pero dice que prefiere no meterse en líos con esta gente; otro vecino de origen argelino les ha recriminado en muchas ocasiones por el lenguaje que usan a gritos a todas horas (él dice que por desgracia les entiende), y les ha advertido que no se dirijan a su hija, de 15 años; lo mismo que les ha aconsejado otro vecino del inmueble de al lado, cocinero del hotel Pere IV. Todo es inútil.

En estos pisos no se ha desarrollado ningún trabajo positivo, solo se han usado para ocultar una emergencia social y son los vecinos los que estamos pagando el coste. Los responsables han enterrado la cabeza. La DGAIA, hasta el momento, ha preferido ocultar sus problemas, aún a costa de perjudicar a otros ciudadanos (entre los que se cuentan ancianos de más de noventa años y bebés de meses), la fundación Ibn Battuta mantiene un exceso de menores en los pisos, no pone educadores suficientes y a los que tiene les “paga mal y tarde”, en palabras de una de las educadoras. 

Si creemos en un proyecto de ciudad integrador se tienen que poner los medios necesarios, no vale improvisar una chapuza, dejar que los ciudadanos carguen con el peso y luego que unos cuantos políticos o tecnócratas ineptos salgan a la palestra pública a ponerse medallas. A veces, cuando trato de encontrar una explicación, pienso que todo esto se debe a que un politicastro usa una fundación para darse ínfulas y sacar subvenciones, otras, recuerdo la famosa frase de Heinlen “nunca subestimes la estupidez humana”, y que esto es culpa de lo que vulgarmente se conoce como un “torpe motivado”. La negligencia y la irresponsabilidad suelen hacer más daño que la maldad. 

Los vecinos estamos hartos, no aguantamos más, e igual que se nos exige que cumplamos nuestra obligaciones como ciudadanos, exigimos a las autoridades correspondientes que se pongan de acuerdo para solucionar este grave problema que afecta a la convivencia vecinal y a nuestra salud física y mental.

Quique Castro











viernes, 1 de septiembre de 2017

Sobre Umbral y la opinión del personal

El 28 de agosto hizo diez años de la muerte de Francisco Umbral. Sí, aquel señor de gafas gruesas y melena cana que sale en un vídeo de You Tube diciendo que él ha venido a hablar de su libro. Umbral, además de protagonizar aquella famosa escena que forma ya parte de la historia de la televisión, fue uno de los mejores, sino el mejor, de los columnistas españoles. Hijo bastardo, como él se empeñaba en enfatizar, ceñudo y brillante, se inventó a sí mismo en la forma elegante y miope de un dandy del modernismo pasado por el filtro quinqui y achulado del Madrid castizo.

“Yo he venido aquí a hablar de mi libro, y no a hablar de lo que opine el personal, que me da lo mismo, porque para eso tengo mi columna y mi opinión diaria”, soltó Umbral, para sorpresa de una Mercedes Milá que todavía practicaba el periodismo, antes de meterse a suma sacerdotisa de palurdos experimentos sociológicos, y para regocijo de unos telespectadores que todavía no estaban acostumbrados a los exabruptos y salidas de tono de la televisión basura que estaba por llegar.

A mí me pasa lo que a Umbral, no me interesa lo que opine el personal, con la diferencia de que a Umbral le publicaban en todas las revistas y periódicos de este país, y a mí no me leen ni mis contactos del Facebook. Me interesa lo que ocurre, y por eso leo la prensa, pero me dan igual los comentarios de los lectores, incluso los de mis lectores, como no sean para darme la razón. No sé dónde leí, creo que en Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel, que el porcentaje de periodistas que leen, no ya que responden, los comentarios a sus artículos, era cercano al 0%, y lo entiendo.

A todos nos ha pasado, leemos un artículo, o un titular (la mayoría no pasa de ahí), y sentimos el prurito de contestar, refutar, iluminar al autor o a los lectores que comparten o le dan al botón de “me gusta”. ¿Y para qué sirve eso? Para nada. Eso no quiere decir que no escuche otras opiniones diferentes, de hecho las leo todos los días en los periódicos, pero lo que opine el personal, como decía Umbral, me suele importar muy poco, casi nada.

Me pregunto qué pensaría Umbral de Twitter, si tendría y si se enzarzaría en discusiones con la legión de trolls que le llamarían de todo, a él, que siempre luchó por ser considerado el más celebrado y laureado, pero que con idéntico ahínco busco la polémica. Su enemigo íntimo, Pérez Reverte, es presencia constante, entra al trapo, provoca tsunamis de indignación popular y es seguido de igual modo por una legión entregada y furibunda que le dice de “don”. La batalla entre Pérez Reverte y Umbral fue épica. Umbral dijo que el creador del capitán Alatriste no tenía estilo, y Reverte le contestó al ganador del premio Cervantes que no tenía lectores ni cultura, que en el extranjero no sabían quién era e incluso, poco más o menos, le acusó de no comerse una rosca.

Eran otros tiempos. En la televisión, a las doce del mediodía, después de la telenovela de la mañana, lo mismo aparecían Cela y Umbral charlando con Jesús Hermida, sentados a una mesa camilla con faldón rosa y florero, rodeados de jubilados, y a las tertulia de la noche invitaban a intelectuales en vez de a gacetilleros pantuflos a berrearse unos a otros.

A mí, que no vengo a ser nadie, me importa poco la opinión del personal, así que no puedo ni imaginarme por dónde se pasaran la nuestra los periodistas publicados, y además por lo general no me gustan nada como están escritas, sobre todo cuando al motivado de turno le da por la anáfora, que es una figura que me parece muy hortera, ya sabes, cuando se repite el principio de la frase para darle más énfasis a los escrito, del tipo: “triste por cómo han dejado España, triste por sus ciudadanos, triste por no encontrar una solución...”. Fatal, muy hortera, muy de Facebook y de cartas al director, que es el recurso que nos queda a los que nadie lee. Y menos con títulos que riman.

Quique Castro.

lunes, 28 de agosto de 2017

Adiós al Pollo Rico, mítico restaurante del raval de Barcelona

Me han cerrado el Pollo Rico, ¿y ahora a dónde voy a comer? Fue la casera de la pensión en la que me alojaba la que me lo recomendó hace diecisiete años, cuando vivía en Nou de la Rambla y creía que podía escribir algo que le interesase a alguien. Y no es que luego me entrara el sentido común de saber que eso no ocurriría, lo que pasa es que con los años, al contrario de lo que piensan algunos, no te vuelves más listo, sino más cobarde.

En la planta baja estaba la barra, y arriba las mesas. Siempre tuve la intención de sacar una foto a los comensales de la barra, a la que se sentaban, codo con codo, el mendigo que había arañado unos euros, el loco que una hora antes berreaba calle arriba y abajo, la triste puta septuagenaria y el emigrante o el forastero que, como a mí, le gustaba la comida que servían. Arriba, en las mesas, te podías encontrar con un viejo matrimonio que no se perdían un sábado, y que acudían siempre arreglados, aunque a mi juicio algo estrafalarios, la familia de gitanos y la de peruanos que ya se conocían el percal, o la de turistas alemanes que aparecían con la a Lonely Planet en la mano y toda la buena intención de sumergirse en una experiencia 360 grados (que dicen los horteras) de exotismo y autenticidad arrabalera.


El Pollo Rico era multicultural, grasiento y lírico, podía gustarte o podías salir espantado, pero conservaba un aura de bohemia verdadera, no como la envasada e insípida bohemia de Gracia y Poblenou, a la que acuden artistas de carnaval porque son barrios que están de moda. Los barrios bohemios nunca están de moda, son oscuros y huelen a alcantarilla, portal y col. Los barrios bohemios sólo se ponen de moda cuando triunfa algún artista que vivía allí porque no le quedaba otro remedio. Y cuando se ponen de moda dejan de ser bohemios, suben los precios de los alquileres y se llenan de farsantes.

Ahora no sé dónde me voy a ir a comer, porque en Barcelona se come mal, muy mal, y la cosa va a peor. En Barcelona hay buenos restaurantes italianos, argentinos, libaneses, griegos, sirios e incluso chinos auténticos, y también hay muchos restaurantes con estrellas Michelin, pero no hay restaurantes barceloneses. La tapa no existe, aunque sea el lugar del mundo donde más se vende, pero eso no es una tapa, es un plato grande y caro, y muchas veces sabe mal.

Por causa del trabajo siempre como fuera, y por eso sé de algún bar de obreros donde la cosa es pasable, pero quedan en polígonos industriales, y a mí otra cosa que me gustaba de el Pollo Rico era que quedaba en el centro, y luego me podía dar un paseo por el Portal del Ángel. Las Ramblas las evitaba y las evito siempre que puedo, podría ser el paseo más bonito del mundo, pero es una horterada. No sé cómo eran las ramblas cuando les escribió sus versos Lorca, pero hoy son como el circo de Buffalo Bill, que tenía a Buffalo Bill y tenía a indios de verdad, pero no era más que el triste remedo del lejano oeste. Pues las ramblas también son eso, una atracción turística que se parodia a sí misma donde sólo se sientan los guiris a beberse absurdos balones de cerveza a ocho euros y a creerse que están viendo algo de Barcelona.

Los camareros del Pollo Rico eran agradables y eternos, llevaban la camisa grasienta y no te daban cháchara porque no tenían tiempo. En la planta de arriba había como una docena de cuadros horribles, unos cuadros infantiles, con la perspectiva esquiva, el color plano y la mirada mística. Eran unos cuadros que siempre pensé que, dispuestos en el orden adecuado, abrían una puerta a alguna otra dimensión.

El Pollo Rico formó parte de mi paisaje amistoso y sentimental, y allí pasé, o se me pasaron, resacas útiles y estrepitosas que servían para olvidar todo lo que había ocurrido la noche anterior. Pero lo importante del Pollo Rico era la comida. Dicen que, como su nombre indica, su especialidad era el pollo, pero esto no es verdad, su especialidad era cualquier plato de cuchara, el consomé, el espeso y sabroso potaje de verduras, la escudella o la sopa de pescado, masticable y resucitadora. El pan no era bueno, pero el pan no es bueno es ningún lado. A lo largo y ancho de toda Cataluña, y llevo quince años recorriéndola de pueblo en pueblo, nunca encontré un solo restaurante en el que el pan fuese bueno, por eso le echan tomate, porque está seco e insípido. También tuve mi época de comer trucha, pero me la trajeron mala dos veces y las dos veces se la devolví al camarero y ya no me atrevía más, pero tenían hígado, milanesas, merluza, arroz a la cubana, una lasaña casera fantástica cuando te la servían caliente y unas patatas aceitosas y blandurrias que iban amontonando en bandejas, unas sobre otras, a medida que salían de la freidora y que estaban bastante buenas.

El Pollo Rico cierra sus puertas este martes, y abrirán una franquicia más. Barcelona pierde otra trasgo de autenticidad, como una operación cosmética que borra una arruga de expresión para sustituirla por un pedazo de piel plasticosa, brillante y falsa.

Quique Castro.

jueves, 24 de agosto de 2017

Bienvenido a la yihad, Manolo

Bienvenido a la Yihad, Manolo, Ana, Carlos, Óscar... como te llames. Supongo que esto es lo que deben de estar pensando los terroristas de Daesh cuando ven vuestras publicaciones en las redes sociales. ¿Y a qué publicaciones me estoy refiriendo?

El otro día vi una con un dibujo en la que se mostraba a una sonriente familia española cuyo texto rezaba “Los españoles primero”. También hacéis circular noticias como “Escandalosas ayudas a los inmigrantes”, y hacéis circular textos en los que se pide que se cierren las fronteras, se nieguen las ayudas sociales para inmigrantes o se corten las subvenciones para la construcción de mezquitas.
Desde Daesh, esos asesinos de mentes enfermas de odio os dan sinceramente las gracias.

Pero vamos a ir poco a poco, este es un artículo en el que se pretende analizar someramente lo que está pasando, así que os llevará algún minuto más que el que soléis emplear en leer un titular de dos líneas diseñado para escandalizaros y que actuéis como ellos quieren

En primer lugar no te preocupes, no nos están invadiendo, no hace falta que empieces a probarte el burka delante del espejo para ver cómo te queda. La población de inmigrantes ha bajado en 1,2 millones desde 2011 a 2017. Hay 46,5 millones de personas en España, de los cuales 2,5 millones son extracomunitarios.

En segundo lugar, no les dan todas las ayudas. Las ayudas no se dan por raza o religión, se dan si cumples una serie de requisitos particulares que son los mismos para cualquiera. Otra cosa es que quieras que esas ayudas se restrinjan. ¿Cómo podrían ser restringidas? Pues o bien variando esos requisitos sociales, con lo cual te afectaría también a ti, o bien añadiendo otros criterios, como nacionalidad, raza o religión. Es decir, si Mohamed lleva veinte años trabajando y cotizando en España, tiene tres hijos escolarizados y se queda en el paro, tú decides que Mohamed no tenga derechos a ayudas familiares, subsidio por desempleo o ayudas de alquiler porque es Marroquí o Sirio, o práctica una religión que no es la tuya y, además, “los españoles van primero”. ¿Esa es tu opción? Permíteme decirte dos cosas, la primera que en ese caso el que sobra en España eres tú, por fascista, y por racista, no lo digo yo, lo dice la Constitución de nuestro país, y la segunda cosa que te quiero decir es que, si le quitas a Mohamed su ayuda, lo que vas a conseguir es que su hijo crezca en un clima de desigualdad, opresión y pobreza, es decir, que gracias a tus bienintencionadas, patrias y racistas ideas, lo vas a mandar de cabeza a la yihad. Otro dato para tu tranquilidad, sólo el 8,6 % de las prestaciones por desempleo son otorgadas a personas inmigrantes. Si han cumplido con sus deberes fiscales y han cotizado a hacienda, es decir, si han ayudado a pagar nuestras pensiones, ¿no deben tener derecho también a la prestación social por desempleo?

Pero ya entiendo, Manolo, a ti lo que te preocupa es que te quiten las pensiones y que el día de mañana te quedes con una mano delante y otra detrás. En ese caso te agradará saber que sólo el 1% de los beneficiarios de las pensiones son emigrantes, de los cuales la mitad son comunitarios.  Es decir, que te preocupas de que el 0,5 de los beneficiarios de las pensiones sean de fuera de la comunidad europea.

A lo mejor, bienintencionado compatriota, debería preocuparte más que el gobierno del Partido Popular, desde que gobierna Rajoy, le haya pegado un hachazo del 82% a la hucha de las pensiones, con lo que para pagar las del 2018 vamos a tener que pedir prestado.

¡Qué fatalidad! ¿no? Pues no, no se trata de una fatalidad, se trata de una estrategia medida a la que tú, seguramente, has contribuido con tu voto. Todo este dinero ha servido para pagar la deuda de los bancos, o las autopistas, es decir, para los negocios de riesgo 0 de sus amigos, y, aprovechando que no hay dinero, se desmantelará poco a poco la sanidad, la educación y las ayudas sociales que tanto te preocupan porque, ay de ti, inocentito, te crees que se acaban porque las cobra Youssef. Y cuando quieras un médico, tendrás que recurrir a un seguro privado, y cuando quieras escolarizar a tus hijos, tendrás que pagar por sus colegios.

Pero tú sigues compartiendo tus noticias y tus fotos en las que reclamas que las ayudas sean primero para los españoles, y ¿sabes quienes lanzan esas fotos y esas noticias? Pues medios afines a la ultraderecha, grupos abiertamente franquistas o nazis, en Grecia tienen a Amanecer Dorado, qué básicamente pide lo mismo, “primero los griegos”, y aquí tenemos a “Hogar Social” o “Unidad Nacional Española”.

¿Y a ti qué te importa que sean de ultraderecha, si básicamente piden lo mismo que quieres tú? Pues bien, la derecha conservadora defiende el capitalismo como sistema social, ya sabes, menos impuestos, menos ayudas sociales, sanidad y educación privadas… (aunque a ellos les encanta decir cosas como que Hitler era comunista y Franco el primer social demócrata) Y, ¿qué relación tiene esto con el terrorismo? Para contestarte a esta pregunta primero tendrás que saber que Los Hermanos Musulmanes fueron parte de una estrategia británico estadounidense de la que también formaron parte países como Francia con el fin de frenar el avance de la Unión Soviética a principios de los años 80, que Al Qaeda fue fundada y entrenada por la CIA, que Daesh ocupa actualmente gran parte del Irak devastado para expoliar su petróleo (ya sabes, lo de las armas de destrucción masiva), y tendrás que saber también que, para derrocar a Al Asad en Siria, los rebeldes fueron financiados por países como los Estados Unidos o Arabia Saudita. Y, ¿sabes quiénes eran esos rebeldes? ¡Bingo! Los terroristas que el otro día nos pusieron una bomba en Barcelona.

Tendrías que saber también que el gobierno español vende armas a Arabia Saudita, que es uno de los países que financian a Daesh. Pero eso seguramente a ti te de igual, porque lo que te gustan son las fotos y un par de líneas bien fáciles de entender, y en la del otro día quedaban muy bien el Rey y Rajoy, que son los que han llevado a cabo la venta de esas armas.

Pero, ¿sabes qué te digo?, que mejor hacerse preguntas de hondo calado como… ¿por qué está sonriendo Ada Colau? Pues a lo mejor alguien le está regalando unas palabras cariñosas, o trata de infundir ánimo al que tiene al lado… Bah, creo que, si hacemos la captura de pantalla adecuada, nos enfadaremos mucho, mucho, mucho, con la señora que se ríe, y los que venden las armas saldrán muy dignos y muy serios.

Así que, Manolo, Ana, Óscar, Carlos, seguid compartiendo fotos y noticias en los que pedís que los españoles vayan primero. Hay unos tipos de larga barba, ojo, no son hípster, y les encantan los Kalashnikov, también tienen Facebook, y, seguramente, se están descojonando de vosotros en este momento.

Quique Castro.



martes, 20 de junio de 2017

Poblenou, el precio de un sueño VIII: el conflicto con las terrazas 2

El conflicto con las terrazas 2

En su propuesta de negociación, los restauradores del barrio aceptarían una reducción del 20% para los locales que tienen más mesas, lo que supondría pasar de las 20 actuales a un tope de 16, y no las 12 que estipula la normativa. Para reivindicar sus exigencias se han manifestado en numerosas ocasiones, han hecho huelga de terrazas e incluso han llegado a recoger 8.000 firmas de apoyo.

“Nada de lo que hemos hecho ha servido, y por primera vez en mi vida no sé cómo se va a dar la temporada, trabajaremos como podamos y, si no salen los números, hasta aquí habremos llegado después de 105 años”, concluye Tere Moreno, visiblemente emocionada.
Al mismo tiempo otros grupos vecinales como Fem Rambla se lamentan de que estas medidas no sean más restrictivas. “Reivindicamos para toda la ciudad un horario de terrazas de 08.00 a 23.00 de domingo a jueves y de 08.00 a 24.00 los viernes, sábados y vísperas de festivos”, proponen en comunicado oficial publicado a través de su página web.

En palabras de Jaume Badenes, presidente de la Asociación de vecinos de Poblenou: “Este es un problema de convivencia y de preservar la esencia del barrio. Al final todo son bares y comercio para el turista, y nosotros queremos evitar que la Rambla de Poblenou se acabé convirtiendo en un paseo sin identidad como la Rambla de Barcelona”. Opinión similar a la que sostiene Pere Mariné, miembro del colectivo de Fem Rambla, que afirma: “Si seguimos así nos acabaremos encontrando una Rambla donde el 80% de los establecimientos no sean para los vecinos, sino para los turistas”.

Por fin, tras años de negociaciones y varias prorrogas, 2017 había de ser el año en que el asunto de las terrazas de Barcelona quedara zanjado definitivamente. Sin embargo algunos hosteleros del barrio se muestran preocupados ante el futuro incierto que les depara la nueva ordenanza.

“Ha sido una negociación dura, pero hemos conseguido un equilibrio que pensamos que es bastante aceptable. Según nuestro punto de vista, es absurdo destinar la práctica totalidad del espacio público a la restauración. Al final tendremos una Rambla de calidad para uso ciudadano, el objetivo es este, y la ordenanza lo permite”, concluye el presidente de la Asociación de Vecinos.

Toni Ramos, presidente de la Asociación de hosteleros de Poblenou, tiene un punto de vista radicalmente opuesto y afirma que: “Estamos de acuerdo con reducir las mesas y repartirlas, pero esta es una norma criminal impuesta por decreto, no han hecho caso a ninguna de nuestras propuestas”, y continúa: “Tenemos buena voluntad y nos preocupa el barrio, hace dos años nos reuníamos continuamente con Fem Rambla y con la Asociación de Vecinos, pero desde que está el Gobierno actual no tienen necesidad de negociar porque el Gobierno y la asociación son la misma cosa”.

La Asociación de Vecinos y la Asociación de Hosteleros tienen un objetivo común, y es que la Rambla de Poblenou no se convierta en un paseo sin identidad como ha ocurrido con la Rambla de Barcelona, solo que para ello proponen medidas diferentes. Para la Asociación de Vecinos hay que limitar las terrazas para generar espacios de convivencia y que la rambla no acabe siendo un paseo de bares y supermercados 24 horas para turistas. Para la Asociación de Hosteleros limitar el número de mesas hará que suban los precios, lo que sustituirá a los clientes del barrio por turistas más adinerados, y los locales de toda la vida tendrán que cerrar para que su lugar sea ocupado por bares de copas o franquicias.

Otro punto en el que coinciden Jaume Badenes y Toni Ramos es que el turismo ha sido positivo y que el barrio ha mejorado mucho, pero que la gente del barrio cada vez lo tiene más difícil para permanecer en él. “Poblenou era un barrio de ratas y camiones, nadie lo quería. Ahora el barrio es divino para vivir, para trabajar, para descansar, pero ya no es Poblenou, a la gente autóctona la están echando”, conviene Toni.

Sin embargo el presidente de los hosteleros cree que no habría que limitar este turismo, mientras que el representante vecinal entiende que existe una relación entre turismo y la subida directa del precio de los alquileres. Los turistas contribuyen a poner de moda el barrio, y los propietarios de los inmuebles prefieren destinar sus viviendas a alquileres de corta estancia, mucho más caros y mucho más rentables.

Barcelona en Comú pretende evitar la privatización sistemática del espacio público y hacer del barrio un espacio vivible para todos, por lo que ha dado la razón a la Asociación de Vecinos. Sin embargo los precios de la vivienda y los alquileres no han dejado de subir, tal vez, dentro de unos años, ya nadie recuerde que hubo un día en que las chimeneas de Poblenou echaban humo, y sus nuevos vecinos crean que no son más que otro ornamento más o menos original.

Quique Castro.