viernes, 1 de septiembre de 2017

Sobre Umbral y la opinión del personal

El 28 de agosto hizo diez años de la muerte de Francisco Umbral. Sí, aquel señor de gafas gruesas y melena cana que sale en un vídeo de You Tube diciendo que él ha venido a hablar de su libro. Umbral, además de protagonizar aquella famosa escena que forma ya parte de la historia de la televisión, fue uno de los mejores, sino el mejor, de los columnistas españoles. Hijo bastardo, como él se empeñaba en enfatizar, ceñudo y brillante, se inventó a sí mismo en la forma elegante y miope de un dandy del modernismo pasado por el filtro quinqui y achulado del Madrid castizo.

“Yo he venido aquí a hablar de mi libro, y no a hablar de lo que opine el personal, que me da lo mismo, porque para eso tengo mi columna y mi opinión diaria”, soltó Umbral, para sorpresa de una Mercedes Milá que todavía practicaba el periodismo, antes de meterse a suma sacerdotisa de palurdos experimentos sociológicos, y para regocijo de unos telespectadores que todavía no estaban acostumbrados a los exabruptos y salidas de tono de la televisión basura que estaba por llegar.

A mí me pasa lo que a Umbral, no me interesa lo que opine el personal, con la diferencia de que a Umbral le publicaban en todas las revistas y periódicos de este país, y a mí no me leen ni mis contactos del Facebook. Me interesa lo que ocurre, y por eso leo la prensa, pero me dan igual los comentarios de los lectores, incluso los de mis lectores, como no sean para darme la razón. No sé dónde leí, creo que en Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel, que el porcentaje de periodistas que leen, no ya que responden, los comentarios a sus artículos, era cercano al 0%, y lo entiendo.

A todos nos ha pasado, leemos un artículo, o un titular (la mayoría no pasa de ahí), y sentimos el prurito de contestar, refutar, iluminar al autor o a los lectores que comparten o le dan al botón de “me gusta”. ¿Y para qué sirve eso? Para nada. Eso no quiere decir que no escuche otras opiniones diferentes, de hecho las leo todos los días en los periódicos, pero lo que opine el personal, como decía Umbral, me suele importar muy poco, casi nada.

Me pregunto qué pensaría Umbral de Twitter, si tendría y si se enzarzaría en discusiones con la legión de trolls que le llamarían de todo, a él, que siempre luchó por ser considerado el más celebrado y laureado, pero que con idéntico ahínco busco la polémica. Su enemigo íntimo, Pérez Reverte, es presencia constante, entra al trapo, provoca tsunamis de indignación popular y es seguido de igual modo por una legión entregada y furibunda que le dice de “don”. La batalla entre Pérez Reverte y Umbral fue épica. Umbral dijo que el creador del capitán Alatriste no tenía estilo, y Reverte le contestó al ganador del premio Cervantes que no tenía lectores ni cultura, que en el extranjero no sabían quién era e incluso, poco más o menos, le acusó de no comerse una rosca.

Eran otros tiempos. En la televisión, a las doce del mediodía, después de la telenovela de la mañana, lo mismo aparecían Cela y Umbral charlando con Jesús Hermida, sentados a una mesa camilla con faldón rosa y florero, rodeados de jubilados, y a las tertulia de la noche invitaban a intelectuales en vez de a gacetilleros pantuflos a berrearse unos a otros.

A mí, que no vengo a ser nadie, me importa poco la opinión del personal, así que no puedo ni imaginarme por dónde se pasaran la nuestra los periodistas publicados, y además por lo general no me gustan nada como están escritas, sobre todo cuando al motivado de turno le da por la anáfora, que es una figura que me parece muy hortera, ya sabes, cuando se repite el principio de la frase para darle más énfasis a los escrito, del tipo: “triste por cómo han dejado España, triste por sus ciudadanos, triste por no encontrar una solución...”. Fatal, muy hortera, muy de Facebook y de cartas al director, que es el recurso que nos queda a los que nadie lee. Y menos con títulos que riman.

Quique Castro.

lunes, 28 de agosto de 2017

Adiós al Pollo Rico, mítico restaurante del raval de Barcelona

Me han cerrado el Pollo Rico, ¿y ahora a dónde voy a comer? Fue la casera de la pensión en la que me alojaba la que me lo recomendó hace diecisiete años, cuando vivía en Nou de la Rambla y creía que podía escribir algo que le interesase a alguien. Y no es que luego me entrara el sentido común de saber que eso no ocurriría, lo que pasa es que con los años, al contrario de lo que piensan algunos, no te vuelves más listo, sino más cobarde.

En la planta baja estaba la barra, y arriba las mesas. Siempre tuve la intención de sacar una foto a los comensales de la barra, a la que se sentaban, codo con codo, el mendigo que había arañado unos euros, el loco que una hora antes berreaba calle arriba y abajo, la triste puta septuagenaria y el emigrante o el forastero que, como a mí, le gustaba la comida que servían. Arriba, en las mesas, te podías encontrar con un viejo matrimonio que no se perdían un sábado, y que acudían siempre arreglados, aunque a mi juicio algo estrafalarios, la familia de gitanos y la de peruanos que ya se conocían el percal, o la de turistas alemanes que aparecían con la a Lonely Planet en la mano y toda la buena intención de sumergirse en una experiencia 360 grados (que dicen los horteras) de exotismo y autenticidad arrabalera.


El Pollo Rico era multicultural, grasiento y lírico, podía gustarte o podías salir espantado, pero conservaba un aura de bohemia verdadera, no como la envasada e insípida bohemia de Gracia y Poblenou, a la que acuden artistas de carnaval porque son barrios que están de moda. Los barrios bohemios nunca están de moda, son oscuros y huelen a alcantarilla, portal y col. Los barrios bohemios sólo se ponen de moda cuando triunfa algún artista que vivía allí porque no le quedaba otro remedio. Y cuando se ponen de moda dejan de ser bohemios, suben los precios de los alquileres y se llenan de farsantes.

Ahora no sé dónde me voy a ir a comer, porque en Barcelona se come mal, muy mal, y la cosa va a peor. En Barcelona hay buenos restaurantes italianos, argentinos, libaneses, griegos, sirios e incluso chinos auténticos, y también hay muchos restaurantes con estrellas Michelin, pero no hay restaurantes barceloneses. La tapa no existe, aunque sea el lugar del mundo donde más se vende, pero eso no es una tapa, es un plato grande y caro, y muchas veces sabe mal.

Por causa del trabajo siempre como fuera, y por eso sé de algún bar de obreros donde la cosa es pasable, pero quedan en polígonos industriales, y a mí otra cosa que me gustaba de el Pollo Rico era que quedaba en el centro, y luego me podía dar un paseo por el Portal del Ángel. Las Ramblas las evitaba y las evito siempre que puedo, podría ser el paseo más bonito del mundo, pero es una horterada. No sé cómo eran las ramblas cuando les escribió sus versos Lorca, pero hoy son como el circo de Buffalo Bill, que tenía a Buffalo Bill y tenía a indios de verdad, pero no era más que el triste remedo del lejano oeste. Pues las ramblas también son eso, una atracción turística que se parodia a sí misma donde sólo se sientan los guiris a beberse absurdos balones de cerveza a ocho euros y a creerse que están viendo algo de Barcelona.

Los camareros del Pollo Rico eran agradables y eternos, llevaban la camisa grasienta y no te daban cháchara porque no tenían tiempo. En la planta de arriba había como una docena de cuadros horribles, unos cuadros infantiles, con la perspectiva esquiva, el color plano y la mirada mística. Eran unos cuadros que siempre pensé que, dispuestos en el orden adecuado, abrían una puerta a alguna otra dimensión.

El Pollo Rico formó parte de mi paisaje amistoso y sentimental, y allí pasé, o se me pasaron, resacas útiles y estrepitosas que servían para olvidar todo lo que había ocurrido la noche anterior. Pero lo importante del Pollo Rico era la comida. Dicen que, como su nombre indica, su especialidad era el pollo, pero esto no es verdad, su especialidad era cualquier plato de cuchara, el consomé, el espeso y sabroso potaje de verduras, la escudella o la sopa de pescado, masticable y resucitadora. El pan no era bueno, pero el pan no es bueno es ningún lado. A lo largo y ancho de toda Cataluña, y llevo quince años recorriéndola de pueblo en pueblo, nunca encontré un solo restaurante en el que el pan fuese bueno, por eso le echan tomate, porque está seco e insípido. También tuve mi época de comer trucha, pero me la trajeron mala dos veces y las dos veces se la devolví al camarero y ya no me atrevía más, pero tenían hígado, milanesas, merluza, arroz a la cubana, una lasaña casera fantástica cuando te la servían caliente y unas patatas aceitosas y blandurrias que iban amontonando en bandejas, unas sobre otras, a medida que salían de la freidora y que estaban bastante buenas.

El Pollo Rico cierra sus puertas este martes, y abrirán una franquicia más. Barcelona pierde otra trasgo de autenticidad, como una operación cosmética que borra una arruga de expresión para sustituirla por un pedazo de piel plasticosa, brillante y falsa.

Quique Castro.

jueves, 24 de agosto de 2017

Bienvenido a la yihad, Manolo

Bienvenido a la Yihad, Manolo, Ana, Carlos, Óscar... como te llames. Supongo que esto es lo que deben de estar pensando los terroristas de Daesh cuando ven vuestras publicaciones en las redes sociales. ¿Y a qué publicaciones me estoy refiriendo?

El otro día vi una con un dibujo en la que se mostraba a una sonriente familia española cuyo texto rezaba “Los españoles primero”. También hacéis circular noticias como “Escandalosas ayudas a los inmigrantes”, y hacéis circular textos en los que se pide que se cierren las fronteras, se nieguen las ayudas sociales para inmigrantes o se corten las subvenciones para la construcción de mezquitas.
Desde Daesh, esos asesinos de mentes enfermas de odio os dan sinceramente las gracias.

Pero vamos a ir poco a poco, este es un artículo en el que se pretende analizar someramente lo que está pasando, así que os llevará algún minuto más que el que soléis emplear en leer un titular de dos líneas diseñado para escandalizaros y que actuéis como ellos quieren

En primer lugar no te preocupes, no nos están invadiendo, no hace falta que empieces a probarte el burka delante del espejo para ver cómo te queda. La población de inmigrantes ha bajado en 1,2 millones desde 2011 a 2017. Hay 46,5 millones de personas en España, de los cuales 2,5 millones son extracomunitarios.

En segundo lugar, no les dan todas las ayudas. Las ayudas no se dan por raza o religión, se dan si cumples una serie de requisitos particulares que son los mismos para cualquiera. Otra cosa es que quieras que esas ayudas se restrinjan. ¿Cómo podrían ser restringidas? Pues o bien variando esos requisitos sociales, con lo cual te afectaría también a ti, o bien añadiendo otros criterios, como nacionalidad, raza o religión. Es decir, si Mohamed lleva veinte años trabajando y cotizando en España, tiene tres hijos escolarizados y se queda en el paro, tú decides que Mohamed no tenga derechos a ayudas familiares, subsidio por desempleo o ayudas de alquiler porque es Marroquí o Sirio, o práctica una religión que no es la tuya y, además, “los españoles van primero”. ¿Esa es tu opción? Permíteme decirte dos cosas, la primera que en ese caso el que sobra en España eres tú, por fascista, y por racista, no lo digo yo, lo dice la Constitución de nuestro país, y la segunda cosa que te quiero decir es que, si le quitas a Mohamed su ayuda, lo que vas a conseguir es que su hijo crezca en un clima de desigualdad, opresión y pobreza, es decir, que gracias a tus bienintencionadas, patrias y racistas ideas, lo vas a mandar de cabeza a la yihad. Otro dato para tu tranquilidad, sólo el 8,6 % de las prestaciones por desempleo son otorgadas a personas inmigrantes. Si han cumplido con sus deberes fiscales y han cotizado a hacienda, es decir, si han ayudado a pagar nuestras pensiones, ¿no deben tener derecho también a la prestación social por desempleo?

Pero ya entiendo, Manolo, a ti lo que te preocupa es que te quiten las pensiones y que el día de mañana te quedes con una mano delante y otra detrás. En ese caso te agradará saber que sólo el 1% de los beneficiarios de las pensiones son emigrantes, de los cuales la mitad son comunitarios.  Es decir, que te preocupas de que el 0,5 de los beneficiarios de las pensiones sean de fuera de la comunidad europea.

A lo mejor, bienintencionado compatriota, debería preocuparte más que el gobierno del Partido Popular, desde que gobierna Rajoy, le haya pegado un hachazo del 82% a la hucha de las pensiones, con lo que para pagar las del 2018 vamos a tener que pedir prestado.

¡Qué fatalidad! ¿no? Pues no, no se trata de una fatalidad, se trata de una estrategia medida a la que tú, seguramente, has contribuido con tu voto. Todo este dinero ha servido para pagar la deuda de los bancos, o las autopistas, es decir, para los negocios de riesgo 0 de sus amigos, y, aprovechando que no hay dinero, se desmantelará poco a poco la sanidad, la educación y las ayudas sociales que tanto te preocupan porque, ay de ti, inocentito, te crees que se acaban porque las cobra Youssef. Y cuando quieras un médico, tendrás que recurrir a un seguro privado, y cuando quieras escolarizar a tus hijos, tendrás que pagar por sus colegios.

Pero tú sigues compartiendo tus noticias y tus fotos en las que reclamas que las ayudas sean primero para los españoles, y ¿sabes quienes lanzan esas fotos y esas noticias? Pues medios afines a la ultraderecha, grupos abiertamente franquistas o nazis, en Grecia tienen a Amanecer Dorado, qué básicamente pide lo mismo, “primero los griegos”, y aquí tenemos a “Hogar Social” o “Unidad Nacional Española”.

¿Y a ti qué te importa que sean de ultraderecha, si básicamente piden lo mismo que quieres tú? Pues bien, la derecha conservadora defiende el capitalismo como sistema social, ya sabes, menos impuestos, menos ayudas sociales, sanidad y educación privadas… (aunque a ellos les encanta decir cosas como que Hitler era comunista y Franco el primer social demócrata) Y, ¿qué relación tiene esto con el terrorismo? Para contestarte a esta pregunta primero tendrás que saber que Los Hermanos Musulmanes fueron parte de una estrategia británico estadounidense de la que también formaron parte países como Francia con el fin de frenar el avance de la Unión Soviética a principios de los años 80, que Al Qaeda fue fundada y entrenada por la CIA, que Daesh ocupa actualmente gran parte del Irak devastado para expoliar su petróleo (ya sabes, lo de las armas de destrucción masiva), y tendrás que saber también que, para derrocar a Al Asad en Siria, los rebeldes fueron financiados por países como los Estados Unidos o Arabia Saudita. Y, ¿sabes quiénes eran esos rebeldes? ¡Bingo! Los terroristas que el otro día nos pusieron una bomba en Barcelona.

Tendrías que saber también que el gobierno español vende armas a Arabia Saudita, que es uno de los países que financian a Daesh. Pero eso seguramente a ti te de igual, porque lo que te gustan son las fotos y un par de líneas bien fáciles de entender, y en la del otro día quedaban muy bien el Rey y Rajoy, que son los que han llevado a cabo la venta de esas armas.

Pero, ¿sabes qué te digo?, que mejor hacerse preguntas de hondo calado como… ¿por qué está sonriendo Ada Colau? Pues a lo mejor alguien le está regalando unas palabras cariñosas, o trata de infundir ánimo al que tiene al lado… Bah, creo que, si hacemos la captura de pantalla adecuada, nos enfadaremos mucho, mucho, mucho, con la señora que se ríe, y los que venden las armas saldrán muy dignos y muy serios.

Así que, Manolo, Ana, Óscar, Carlos, seguid compartiendo fotos y noticias en los que pedís que los españoles vayan primero. Hay unos tipos de larga barba, ojo, no son hípster, y les encantan los Kalashnikov, también tienen Facebook, y, seguramente, se están descojonando de vosotros en este momento.

Quique Castro.



martes, 20 de junio de 2017

Poblenou, el precio de un sueño VIII: el conflicto con las terrazas 2

El conflicto con las terrazas 2

En su propuesta de negociación, los restauradores del barrio aceptarían una reducción del 20% para los locales que tienen más mesas, lo que supondría pasar de las 20 actuales a un tope de 16, y no las 12 que estipula la normativa. Para reivindicar sus exigencias se han manifestado en numerosas ocasiones, han hecho huelga de terrazas e incluso han llegado a recoger 8.000 firmas de apoyo.

“Nada de lo que hemos hecho ha servido, y por primera vez en mi vida no sé cómo se va a dar la temporada, trabajaremos como podamos y, si no salen los números, hasta aquí habremos llegado después de 105 años”, concluye Tere Moreno, visiblemente emocionada.
Al mismo tiempo otros grupos vecinales como Fem Rambla se lamentan de que estas medidas no sean más restrictivas. “Reivindicamos para toda la ciudad un horario de terrazas de 08.00 a 23.00 de domingo a jueves y de 08.00 a 24.00 los viernes, sábados y vísperas de festivos”, proponen en comunicado oficial publicado a través de su página web.

En palabras de Jaume Badenes, presidente de la Asociación de vecinos de Poblenou: “Este es un problema de convivencia y de preservar la esencia del barrio. Al final todo son bares y comercio para el turista, y nosotros queremos evitar que la Rambla de Poblenou se acabé convirtiendo en un paseo sin identidad como la Rambla de Barcelona”. Opinión similar a la que sostiene Pere Mariné, miembro del colectivo de Fem Rambla, que afirma: “Si seguimos así nos acabaremos encontrando una Rambla donde el 80% de los establecimientos no sean para los vecinos, sino para los turistas”.

Por fin, tras años de negociaciones y varias prorrogas, 2017 había de ser el año en que el asunto de las terrazas de Barcelona quedara zanjado definitivamente. Sin embargo algunos hosteleros del barrio se muestran preocupados ante el futuro incierto que les depara la nueva ordenanza.

“Ha sido una negociación dura, pero hemos conseguido un equilibrio que pensamos que es bastante aceptable. Según nuestro punto de vista, es absurdo destinar la práctica totalidad del espacio público a la restauración. Al final tendremos una Rambla de calidad para uso ciudadano, el objetivo es este, y la ordenanza lo permite”, concluye el presidente de la Asociación de Vecinos.

Toni Ramos, presidente de la Asociación de hosteleros de Poblenou, tiene un punto de vista radicalmente opuesto y afirma que: “Estamos de acuerdo con reducir las mesas y repartirlas, pero esta es una norma criminal impuesta por decreto, no han hecho caso a ninguna de nuestras propuestas”, y continúa: “Tenemos buena voluntad y nos preocupa el barrio, hace dos años nos reuníamos continuamente con Fem Rambla y con la Asociación de Vecinos, pero desde que está el Gobierno actual no tienen necesidad de negociar porque el Gobierno y la asociación son la misma cosa”.

La Asociación de Vecinos y la Asociación de Hosteleros tienen un objetivo común, y es que la Rambla de Poblenou no se convierta en un paseo sin identidad como ha ocurrido con la Rambla de Barcelona, solo que para ello proponen medidas diferentes. Para la Asociación de Vecinos hay que limitar las terrazas para generar espacios de convivencia y que la rambla no acabe siendo un paseo de bares y supermercados 24 horas para turistas. Para la Asociación de Hosteleros limitar el número de mesas hará que suban los precios, lo que sustituirá a los clientes del barrio por turistas más adinerados, y los locales de toda la vida tendrán que cerrar para que su lugar sea ocupado por bares de copas o franquicias.

Otro punto en el que coinciden Jaume Badenes y Toni Ramos es que el turismo ha sido positivo y que el barrio ha mejorado mucho, pero que la gente del barrio cada vez lo tiene más difícil para permanecer en él. “Poblenou era un barrio de ratas y camiones, nadie lo quería. Ahora el barrio es divino para vivir, para trabajar, para descansar, pero ya no es Poblenou, a la gente autóctona la están echando”, conviene Toni.

Sin embargo el presidente de los hosteleros cree que no habría que limitar este turismo, mientras que el representante vecinal entiende que existe una relación entre turismo y la subida directa del precio de los alquileres. Los turistas contribuyen a poner de moda el barrio, y los propietarios de los inmuebles prefieren destinar sus viviendas a alquileres de corta estancia, mucho más caros y mucho más rentables.

Barcelona en Comú pretende evitar la privatización sistemática del espacio público y hacer del barrio un espacio vivible para todos, por lo que ha dado la razón a la Asociación de Vecinos. Sin embargo los precios de la vivienda y los alquileres no han dejado de subir, tal vez, dentro de unos años, ya nadie recuerde que hubo un día en que las chimeneas de Poblenou echaban humo, y sus nuevos vecinos crean que no son más que otro ornamento más o menos original.

Quique Castro.

Poblenou, el precio de un sueño VII: El conflicto con las terrazas 1

El conflicto con las terrazas 1

La nueva ordenanza municipal de terrazas servirá para reordenar la disposición de las mesas en la Rambla de Poblenou. Esta medida, cuya finalidad es devolver a los ciudadanos parte del espacio público, reducirá en 24 las 469 mesas actuales.

La medida no ha sentado a todos por igual. Toni Ramos, presidente de la Asociación de Hosteleros, cree que esta ley tendrá una repercusión negativa en sus ingresos, con la consecuencia directa de destrucción de puestos de trabajo, y afirma: “Los precios van a subir porque no puedo sacar lo mismo con 20 mesas que con 8 o 12, y es la gente del barrio la que va a sufrir esta subida”.

Porque el problema de fondo no es la desaparición de 24 mesas -número que la Asociación de Hosteleros eleva a 100-, sino el reparto que se hará de las 445 restantes. La ordenanza asegura 4 mesas para cada establecimiento, incluso para los que antes no tenían ninguna, pero también limita su número máximo a 12. Otro factor a tener en cuenta es que no se podrán poner mesas donde haya árboles, farolas, pasajes o edificios públicos, por lo que algunos locales se ven ya obligados a colocar su terraza a 15 o 20 metros de distancia.

Tampoco se ha tenido en cuenta que el 70% de las terrazas están comprendidas en la zona central de la Rambla. Así, esta medida no afectará en absoluto a algunos de los locales que ya se ajustaban al número de mesas permitido, mientras que otros, como Can Toni o El Tío Ché, con una estructura empresarial ya consolidada, verán reducidos sus ingresos drásticamente.

“De 17 establecimientos que éramos en el año 2.000 hemos pasado a ser casi setenta, pero la rambla no se ha hecho más grande y en ese espacio hemos de caber todos”, dice Tere Moreno, cuarta generación al frente de El Tío Che, la centenaria horchatería de la Rambla, pero matiza: “Tal vez no se debería tratar igual a un local que hace 30 años que está y a otro que ha traspasado una tienda de ropa de toda la vida para poner un bar de copas; al final la rambla se está llenado de negocios que no dan caliu, y la esencia del barrio se va a perder completamente”.

La rambla de Poblenou todavía no es considerada zona de turismo de borrachera, pero algunas plataformas vecinales han alzado su voz contra la masificación turística que amenaza con transformar el barrio. “Stop massificació turística”, o “Veïnes en traspàs”, son algunos de los mensajes que pueden leerse en los carteles que cuelgan de los balcones.

“Aquí no hay turismo de borrachera, el Poblenou es un barrio familiar, pero el reparto de terrazas puede ser perjudicial, porque fomenta que los restaurantes no tengas mesas  y los bares de copas sí”, declara Tere Moreno, y pone un ejemplo: “Hay un restaurante de la zona que va a pasar de 20 mesas a 8, mientras que los dos bares de copas que tiene al lado les han dado 8 a cada uno”.

Quique Castro

Poblenou, el precio de un sueño VI: El conflicto con los hoteles

El conflicto con los hoteles

Según un estudio elaborado por el Ayuntamiento de Barcelona, el 22@ ha atraído hasta el año 2017 a unas 4.500 empresas, lo que a su vez ha supuesto la creación de unos 93.000 puestos de trabajo, en su mayoría dirigidos al perfil de un profesional joven y cualificado, se han levantado 32 hoteles, que ofrecen unas 12.000 plazas, y suman 700 los pisos legales que ofrecen habitaciones a turistas.

La consecuencia de este éxito ha sido un encarecimiento paulatino del metro cuadrado, tanto para venta como para alquiler, que está expulsando de la zona a sus vecinos tradicionales y que contribuye a que negocios de toda la vida se hayan visto obligados a echar el cierre y ser sustituidos por cadenas y franquicias que atentan contra la autenticidad del barrio.

“La presión urbanística ha puesto el precio del suelo a unas cotas que la gente de aquí no puede pagar, y sólo se ha construido la mitad de las viviendas de protección oficial, unas 2.000 de las 4.500 que estaban previstas. La primera fase del 22@ fue bastante rápida pero llegó la crisis y se detuvo la actividad”, declara el presidente de la Asociación de Vecinos.

Lo cierto es que, con 30 millones de visitantes al año, la masificación turística no es un problema exclusivo de Poblenou, sino que afecta a toda Barcelona y enfrenta a la opinión pública.

“El último año ha sido tremendo, seguramente en gran medida haya sido por el turismo: a medida que Ciutat Vella se colapsa, los promotores ponen su ojos en Poblenou, que está bien comunicado y tiene acceso a la playa”, asegura Jaume Badenes.

Por ello el gobierno de Ada Colau ha tomado cartas en el asunto y ha dividido la ciudad en zonas que regulan la actividad hotelera.

Zona 1. Si cierra un hotel no se puede abrir otro. Hostafrancs, Gràcia, Vila Olímpica y el Poblenou.

Zona 2. Si cierra un hotel, podrá construirse otro con el mismo número de plazas. Sagrada Família, parte de El Putxet, de Vallcarca y Penitents, la Salut, el Camp d'en Grassot y Gràcia Nova, Baix Guinardó, Llacuna, Diagonal Mar y Front Marítim, Nueva Esquerra de l'Eixample, parte de Sant Antoni.

Zona 3. Se podrán generar nuevas plazas.  Nou Barris, Horta-Guinardó, Sant Andreu y parte de Sants-Montjuïc y Sarrià-Sant Gervasi.

Zona 4: Ámbitos con regulación específica. Entre estas zonas se encuentra el distrito 22@, que comprende gran parte de Poblenou.


Para los hosteleros, limitar las zonas de crecimiento no servirá para nada; los turistas continuarán llegando y aumentarán los pisos ilegales, además, aseguran, se creará una burbuja hotelera, ya que, como no se pueden abrir nuevos hoteles, los que existen se vendarán por precios desorbitados, y, por último, bajará la calidad del servicio en relación a los precios que tendrán las habitaciones. En definitiva, el intento de Barcelona en Comú es un varapalo a un sector que mueve en la ciudad 15.000 millones de euros al año y que representa el 14% de su PIB.

Quique Castro

Poblenou, el precio de un sueño V: El 22@ resetea la memoria de Poblenou

El 22@ resetea la memoria de Poblenou

El 22@ fue el otro gran hito que contribuyó al cambio de paisaje humano y arquitectónico en Poblenou. Este proyecto urbanístico, iniciado en el año 2.000, englobaba un área de 200 hectáreas y 115 manzanas, e influyó de modo decisivo en la progresiva desindustrialización del distrito. La economía dejó de tener como eje la producción de bienes de consumo y pasó a estar orientada a otros sectores estratégicos que podrían dividirse en cuatro grandes bloques: el diseño, la comunicación, el sector energético y el biotecnológico.

Al 22@ se llevaron en primer lugar algunas empresas públicas como el Consell de l'Audiovisual de Catalunya (CAC), la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), el Banc de Sang, Aiguas de Barcelona o Indra, para, a continuación, atraer empresas del ámbito privado, ya fueran de nueva creación o trasladadas desde otros puntos de la ciudad. Un ejemplo de estas nuevas empresas sería el gigante Schibsted, propietario de algunos de los portales de mayor éxito en Internet, como Fotocasa, InfoJobs o Vibbo.

Los organismos oficiales defendían el 22@ como un esfuerzo por relanzar el Poblenou, ya que dinamizar la actividad económica por encima de la especulación inmobiliaria evitaría crear otro barrio residencial como el de la Vila Olímpica. Sin embargo, las voces contrarias denunciaban la hipocresía que suponía hablar de regeneración urbana en aras del interés ciudadano cuando lo que realmente se pretendía era desplazar a la clase obrera por otra de un nivel económico superior.

“En el año 2.000, cuando se planteó el 22@, lo que pretendíamos era evitar la especulación, para ello pedimos que se mantuviese la zona de actividades productivas y que todas las viviendas que se construyeran fueran de protección oficial”, declara Jaume Badenes, presidente de la Asociación de Vecinos de Poblenou, y concluye: “a  pesar de ello, el precio de la vivienda en el barrio siguió aumentando, y en seguida nos dimos cuenta que la solución pasaba por cambiar el tipo de acceso a la vivienda y priorizar el alquiler sobre la compra”.

Según Jaume Badenes, una posible solución para controlar el progresivo aumento del precio de la vivienda y los alquileres, pasaría por establecer un precio de referencia que sería negociado entre la administración y las asociaciones de inquilinos y propietarios, tal y como ocurre en otras ciudades de Europa como Berlín o París. En Berlín, por norma general, el alquiler es de tipo indefinido, y su incremento queda limitado al precio de referencia, mientras que en Francia, al finalizar el contrato, el inquilino tiene derecho a negociar una renovación en las mismas condiciones.

Quique Castro.